El desafío de Boca, después del éxito contra River, pasaba justamente por no relajar los músculos más de la cuenta, porque no había margen para ceder puntos en esta corrida desde atrás, pero ese arranque demoledor con una contra a toda velocidad de Sánchez Miño que terminó en el golazo de Gigliotti no tuvo correlato con el final. Cuando las piernas pesaban, y los minutos se sentían, apareció el Loco Abreu.
Sin Gago, desgarrado, Bianchi apuró la vuelta de Pablo Ledesma –ausente en el superclásico por un virus tipo paperas- y tuvo que rearmar el fondo porque Méndez pasó al medio para ganar salida por derecha, y su lugar lo ocupó Erbes, quien en el Monumental había sido volante central. Así y todo, con retoques por acá y por allá, Boca cumplía con su objetivo y lograba mantener el cero por quinto partido consecutivo, esta vez con Emanuel Trípodi en el arco, a pesar de algunos sustos. Pero, esta vez, no pudo cerrarlo y se escurrieron dos puntos en la carrera para darle alcance al puntero Newell’s.

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